Trekking y vinos en uno de los acantilados más impresionantes del mundo

19

Nov
2019

Trekking y vinos en uno de los acantilados más impresionantes del mundo

Posted By : Javier/ 40 0

Descubrimos el lado más desconocido de Sudáfrica recorriendo sus montañas más altas, Drakensberg, a golpe de rutas de senderismo, viñedos, fauna salvaje y los paisajes de ‘El señor de los anillos’.

Las ruedas del coche se deslizan por las carreteras de las entrañas sudafricanas con suavidad, sin demasiada prisa. Al otro lado de la ventanilla el paisaje muta cada pocos kilómetros. Del verde al marrón y del marrón al rojo: la naturaleza sabe qué hacer para conquistarnos en este rincón donde las montañas se alzan entre cuevas y arroyos y las vertiginosas cumbres despuntan decididas a tocar las nubes. Donde los valles regalan ríos y vomitan cascadas.

Estamos en las montañas de Drakensberg, en la provincia de KwaZulu Natal, «unas tierras que, aunque aparentemente desconocidas, llevan siendo habitadas por el hombre desde hace más de 5.000 años», aclara Shiny Bright, británica afincada en Sudáfrica desde la década de los 70 y guía oficial de turismo. Y para corroborarlo, ojo al dato: «En ellas se conservan más de 35.000 pinturas rupestres del pueblo san, los primeros pobladores de la zona». Poco más que añadir.

Estas cumbres se expanden a lo largo de 200 kilómetros en un territorio que funciona de frontera natural con el vecino reino de Lesoto. Un espacio que alberga picos de más de tres mil metros de altura y que fue declarado en el año 2000 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El nombre de esta cordillera, -la más alta de toda Sudáfrica, por cierto, y cuyos acantilados se cuentan entre los más impresionantes del mundo-, le fue adjudicado por los primeros colonos holandeses allá por el siglo XVII. Pero es al traducirlo cuando todo comienza a tener sentido: «La montaña del dragón», la llamaban.

INSPIRACIÓN PARA J.R.R. TOLKIEN

Ya decíamos que algo de mágico tenía este lugar… Tanto, que el mismísimo J.R.R. Tolkien acabó maravillándose de sus paisajes hasta el punto de inspirarse en ellos para crear su obra más insigne: El Señor de los Anillos. Para descubrir el corazón de este hermoso enclave partimos en busca de sus mayores tesoros. Empezando por el paisaje, que pide a gritos que nos atemos bien fuerte las botas de trekking y lo exploremos en cualquiera de sus rutas de senderismo.

Los montañeros, que se animaron a escalar sus cimas por primera vez hace apenas cincuenta años, encontraron en sus sobrecogedores paisajes de arenisca y basalto uno de los mayores paraísos del continente. Alcanzar cimas como Cathedral’s Peak, el Giants Castle o la del Mount-Aux-Sources son grandes objetivos.

Se puede establecer el campo base en la pequeña ciudad de Clarens, un refugio entre montañas con las Maluti de telón de fondo. En ella se despliega un puñado de calles repletas de comercios especializados en material de montaña, algún que otro bar en el que deleitarnos con una cerveza tras un intenso día de caminata y refinadas galerías de arte donde artistas locales exponen su obra. Es también el lugar idóneo para animarnos a conocer el entorno con cualquier actividad de turismo activo. ¿Rutas en quad, a caballo, rafting o tirolina? Elegir qué motiva más es ya cuestión de gustos.

Un buen tazón de café caliente junto a una hoguera es la mejor forma de afrontar la espera antes del momento culmen: en este rincón del mundo, a primera hora de la mañana, el frío se hace notar. «Nos animamos a arrancar con el negocio en 2012, aunque llevamos compitiendo en globo toda la vida», cuenta Dave, al mando de Drakensberg Ballooning, empresa familiar que ayuda a cumplir el sueño de sobrevolar los paisajes más hermosos en globo aerostático.

UNA TIERRA FÉRTIL

Pronto la inmensa tela de colores comienza a tomar forma y, antes de darnos cuenta, hemos despegado. Un intensocosquilleo se apodera entonces de nuestros estómagos al tiempo que el globo comienza a ganar altura. La bruma se agarra con fiereza a la tierra y el mundo luce ante nosotros tal y como es. De repente, se produce el milagro: las Drakensberg se muestran esplendorosas confirmando lo que ya sabemos, esto es pura magia.

 

Una hora más tarde, en medio de un campo de cultivo y con una sonrisa que no cabe en la cara, toca brindar con champagne por el éxito de la experiencia. Porque las Drakensberg no solo se contemplan: también se catan. Y para hacerlo, qué mejor que visitar una de las bodegas instaladas en la zona. Nos quedamos con Cathedral Peak Wine Estate, en la que en 29 hectáreas de viñedos maduran hasta cuatro cepas diferentes de uva: Cabernet Sauvignon, Pinotage, Petit Verdot y Sauvignon Blanc dan color y sabor a unos vinos que, será quizás por el entorno en el que los probamos, pero nos saben a gloria.

La calidad de la tierra, fértil como pocas, y el clima de la zona, con veranos suaves e inviernos fríos, son perfectos para el cultivo de estas variedades. El resto de ingredientes lo ponen las familias bodegueras, que con esmero completan un proceso de años de maduración que culmina con una explosión de sabor en el paladar: no hay mejor manera de acabar este reportaje.

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