Año: 2020

Naturaleza desde el sofá: los parques nacionales de EEUU abren una ventana virtual

Posted By : Javier/ 9 0

De la Alaska más salvaje a las cuevas del desierto de Chihuahua en Nuevo México. Hay quien tiene maravillosas vistas desde su ventana, pero si no es el caso y ansías cambiar de aires, merece la pena asomarse algún ratito a estos paisajes que nos brinda la Madre Naturaleza.

Esta es una iniciativa del Servicio de Parques Nacionales estadounidense y Google Arts & Culture, el Instituto Cultural del buscador de Mountain View. La muestra abarca cinco espacios repartidos por todo el país y muy dispares en cuanto a clima y ecosistemas.

EL P. N. DE LOS FIORDOS DE KENAI (ALASKA)

Esta excursión virtual te permite explorar los glaciares, fiordos y icebergs de este parque en torno al campo de hielo Harding, un manto helado que cubre unos 2.000 kilómetros cuadrados y una de las áreas salvajes más impenetrables de Alaska. Estamos ante un paraíso blanco que, desde el sofá, podremos explorar en kayak, remando entre majestuosos bloques de hielo. También podremos llegar por carretera al Exit Glacier, algo impensable en la realidad en esta época del año, y descender por una de sus intimidantes grietas de la mano de una guardabosques que domina el territorio.

P. N. DE LOS VOLCANES DE HAWÁI

¿Alguna vez has explorado un volcán por dentro? Es lo que permite este tour virtual por uno de los parques más enigmáticos del planeta. La inmersión hawaiana te invita a caminar por un tubo de lava, las venas de un volcán en erupción. También a contemplar los acantilados del Pacífico que forma la lava cuando se derrama al mar. Y hasta puedes sobrevolar el famoso Kilauea, que entró en erupción la última vez en 2018 y ostenta el título del volcán más activo del mundo.

P. N. DE CARLSBAD CAVERNS (NUEVO MÉXICO)

Viajamos ahora al desierto de Chihuahua y las montañas de Guadalupe, al sureste de Nuevo México. Este parque esconde un centenar de cuevas increíbles y el recorrido virtual permite descender a sus profundidades. Además del paseo por sus cavernas (una de ellas tan grande como seis campos de fútbol) y formaciones rocosas, podemos contemplar de cerca sus numerosos habitantes, los miles de murciélagos que seguramente muchos preferirán ver desde el sofá que in situ. El sonido que emiten en la oscuridad es inquietante.

P. N. BRYCE CANYON (UTAH)

Este es un lugar único en nuestro planeta. Un paisaje desértico repleto de hoodoos, esas chimeneas de hadas de color rojo y naranja intenso cinceladas por la erosión. El parque de Utah es también muy célebre por la oscuridad de sus noches y está certificado como uno de los mejores rincones del mundo para ver las estrellas. De ahí que, en esta ocasión, el recorrido virtual nos permite adentrarnos en este escenario mágico de día y de noche.

P. N. DRY TORTUGAS (FLORIDA)

Y del desierto a estas siete islas del Golfo de México conocidas por la riqueza de vida marina y la variedad de aves, así como por las leyendas de piratas y tesoros hundidos. Para situarnos, estamos a más de cien kilómetros de Cayo Hueso. Es decir, a falta de barco, se agradece la visita virtual. En esta ocasión nos espera un paseo por el histórico Fuerte Jefferson y, más interesante aún, una inmersión en estas aguas y una sesión de snorkel por el tercer arrecife de coral más grande del mundo. Incluso se puede bucear para observar el pecio Windjammer, hundido en estas aguas en 1907.

Coronavirus: con los humanos confinados, la naturaleza resurge

Posted By : Javier/ 12 0

PARÍS.- Pájaros cantando a todo pulmón, jabalíes caminando por la ciudad y delfines de regreso en las costas. El confinamiento por la pandemia de coronavirus Covid-19 ha dado vía libre a los animales, que disfrutan de la calma, y los humanos se toman más tiempo para observar la naturaleza.

 

En los primeros días del confinamiento por el coronavirus, los habitantes de las grandes ciudades redescubrieron el canto de los pájaros. Se vieron jabalíes en Barcelona y a un puma silvestre deambulando por las calles desiertas de Santiago de Chile.

Con la brutal caída de la presencia humana en las calles, los animales salvajes urbanos «tienen vía libre para pasear por las ciudades», dice a la AFP Romain Julliard, director de investigación del Museo Nacional de Historia Natural de París.

Cita el ejemplo de los zorros. Estos animales «cambian su comportamiento muy rápidamente, cuando un espacio está tranquilo, van», señala.

Asimismo, los animales y las aves que viven en los parques urbanos, como los gorriones, palomas y cuervos, pueden abandonar su territorio habitual y «liberar espacio para otros animales».

En cuanto a los pájaros, no es que haya más, sino que ahora se los puede escuchar cantar. Algunos pájaros «dejan de cantar cuando hay ruido. Ahora vuelven a cantar», explica Jér´me Sueur, especialista en acústica del Museo Nacional de Historia Natural

«El ruido también altera su comportamiento y genera estrés», explica.

La desaparición de la cacofonía humana es «beneficiosa» para los animales, en plena primavera en el hemisferio norte. – Manejar el fin de la cuarentena –

El confinamiento de los humanos coincide, para ciertas especies, con el apogeo de la temporada de apareamiento.

Es el caso del sapo común y de la salamandra moteada, que «muchas veces son atropellados cuando cruzan las carreteras», explica Jean-Nol Rieffel, director regional de la Oficina Francesa de la Biodiversidad.

Las gaviotas de cabeza negra, que anidan en los bancos de arena del río Loira, en Francia, suelen ser perturbadas en tiempo normal. Pero ya no hay más caminantes, ni perros, ni canoas. Tampoco hay curiosos que molesten a los cervatillos.

En el Parque Nacional de las Calanques, cerca de Marsella (sudeste de Francia), cerrado al público por el confinamiento, «la naturaleza y los animales están regresando a sus espacios naturales a una velocidad sorprendente», dice su presidente Didier Réault.

«Las pardelas que solían anidar en los archipiélagos, en áreas altamente protegidas, ahora se están reuniendo en el agua», explica.

Lo mismo ocurre con las plantas. Las orquídeas salvajes, protegidas, crecen a finales de abril/principios de mayo y a veces son recogidas por los caminantes, dice Jean-Nol Rieffel. Este año podrían crecer en paz.

En la ciudad, los céspedes florecen y ofrecen «recursos para abejorros, abejas y mariposas», explica Romain Julliard.

Para el científico, «quizás el fenómeno más importante es que nuestra manera de ver a la naturaleza está cambiando: las personas confinadas se están dando cuenta de cuánto extrañan la naturaleza».

Confinados en sus casas, las personas tienen más tiempo para observar la naturaleza desde sus ventanas o jardines.

La operación «confinados pero al acecho» de la Liga Francesa de Protección de las Aves incita «a la gente abrir sus ventanas, observar a los pájaros e identificarlos si pueden», dice su presidente Allain Bougrain-Dubourg.

Sin embargo, el confinamiento de los humanos es una mala noticia para las especies acostumbradas a alimentarse de sus desechos.

Otro inconveniente es que se interrumpen las operaciones de ayuda a las especies en peligro de extinción o de lucha contra las especies invasoras, señala Loc Obled, director general Adjunto de la Oficina Francesa de Biodiversidad.

También será necesario manejar de la mejor manera el fin de la cuarentena. «La gente querrá estar cerca de la naturaleza, pero un exceso puede ser desfavorable para la fauna y la flora», advierte Jean-Nol Rieffel.

La Antártida, único lugar del mundo sin coronavirus

Posted By : Javier/ 9 0

En los mapas del mundo que muestran la vertiginosa propagación del coronavirus hay un único continente que todavía no está en rojo. La remota Antártida no ha registrado ningún caso de COVID-19, a pesar de que la pandemia ha coincidido con el verano austral, que es la época del año que reúne a más científicos, técnicos y militares en este gélido laboratorio de la naturaleza.

Las aproximadamente 80 bases construidas en este inmenso continente de hielo en el que cabrían 26 penínsulas ibéricas acogen en verano a unas 5.000 personas que se reducen a alrededor de 800 o 1.000 en invierno. España cuenta con dos bases, ambas operativas durante los meses de verano: la base científica Juan Carlos I, en Livingston, y la militar Gabriel de Castilla, en Isla Decepción.

“Algunos países, como EEUU, Argentina, Chile o Reino Unido, tienen bases abiertas en invierno, incluso hay personas que llegan a estar dos años seguidos en la Antártida”, cuenta Antonio Quesada, secretario técnico del Comité Polar Español. La más grande es la estadounidense McMurdo, con capacidad para más de 1.200 personas mientras que China, muy interesada en expandir sus actividades en la Antártida, está construyendo su quinta base en este territorio.

Antártida
A los científicos y militares que van a trabajar cada año se suman los turistas, a los que se le permite pasar unas horas en el territorio más virgen del planeta. “Este año se esperaban 80.000 turistas en la Antártida pero al final se ha reducido a unos 65.000 o 70.000“, señala Quesada en conversación telefónica.

Hay países como China que incluso les dejan entrar en algunas de sus instalaciones y visitar su Gran Muralla antártica (Great Wall) -la más antigua de sus bases y en la que en verano trabajan unas 40 personas-. Pero el coronovirus ha cambiado las rutinas de este año.

Que no haya habido ningún caso positivo de COVID-19 no significa que la Antártida se esté librando del impacto en el resto del mundo. El gigante asiático redujo la actividad prevista en sus bases en cuanto se supo de la epidemia en Wuhan: “No han permitido intercambios de personal, desde el 31 de diciembre sólo dejan que salga gente y no se permite la visita de turistas”, dice Quesada.

Las campañas de los otros países se estaban desarrollando con normalidad, pero la rápida propagación del virus por Europa ha afectado también a otras bases, entre ellas a las dos españolas, que han reducido la duración de sus campañas de verano: “Hemos tenido que cerrar antes de lo previsto (entre el 14 y el 15 de marzo) para intentar llegar cuanto antes a Ushuaia para poder volver a España”, explica Jordi Felipe, jefe de la base Juan Carlos I.

Hespérides
Escribe a bordo del buque español de investigación oceanográfico Hespérides, justo después de pasar el agitado paso del Drake y pocas horas antes de su llegada a la ciudad argentina el 18 de marzo.

En el Hespérides viajan ahora un centenar de españoles, entre los científicos y militares que estaban en las dos bases cuando se cerraron de manera anticipada y los miembros de la tripulación de este barco, que cada año viaja desde Cartagena a Ushuia o Punta Arenas y desde ahí a la Antártida.

Ya durante la travesía supieron que debido al coronavirus, las autoridades argentinas sólo les permitirían hacer acopio de víveres y combustible pero no desembarcar dado que no habían pasado 14 días desde la última vez que el Hespérides estuvo en el mismo puerto.

“Bastante han hecho con dejarnos atracar en el muelle, otros barcos están sencillamente fondeados”, dice el capitán médico Andrés Villoria López, responsable de Sanidad de la base Gabriel de Castilla.

La odisea para regresar a España
Su plan era que los 37 militares y científicos que estaban en las bases antárticas Juan Carlos I y Gabriel de Castilla regresaran a España en avión, como es habitual, mientras que los 58 tripulantes del Hespérides harían su travesía a Cartagena, que dura alrededor de un mes -el buque se encarga de llevar a la Antártida todo el material que los españoles necesitarán para los aproximadamente cuatro meses que pasan trabajando-. Pero Villoria reconoce que aún no saben si podrán regresar a España en avión.

“Somos conscientes de que, como nosotros, hay decenas de miles de españoles repartidos por todo el mundo que desean volver a sus casas con sus seres queridos”, señala.

Ante la imposibilidad de volar desde Argentina, van a probar suerte en Brasil en las próximas horas: “Tras salir de Ushuaia, hemos recorrido los canales magallánicos y ahora estamos fondeados cerca del estrecho de Le Maire esperando a que el tiempo amaine y se haga navegable para coger rumbo al norte de Brasil”, relataba durante la madrugada del sábado. Después, irán por por tierra de Santos a Sao Paulo con la esperanza de coger un vuelo allí que les traiga a España.

La percepción de la pandemia lejos de casa
La mayoría de los militares y científicos españoles que han participado en la campaña de este año partieron hacia la Antártida cuando no se sabía de la existencia del coronavirus y regresarán a un país en estado de alarma y blindado. En menos de tres meses, el mundo ha cambiado y sufre la mayor crisis desde la II Guerra Mundial. ¿Cómo se vive desde un lugar tan lejano y aislado algo así?

“Inicialmente, con inquietud y nerviosismo por los familiares y amigos. Tras esto, sólo queda intentar mantener la calma y ver los diferentes escenarios de cara a la vuelta”, dice el biólogo Jordi Felipe, uno de los veteranos españoles en la Antártida.

“Se ha vivido, por lo general con cierta ansiedad, especialmente entre los miembros de la dotación que tienen pareja e hijos. Al principio todo parecía fruto de una exageración, y los brotes de histeria colectiva se vivían con perplejidad. Por lo pronto, pensé que no podía ser tan grave y, por supuesto, jamás imaginé que llegaríamos a esta situación”, admite el capitán médico Villoria.

Medidas de protección
Para que siga siendo un territorio libre de coronavirus, el Consejo de los administradores de los programas antárticos nacionales (COMNAP) ha enviado a los comités polares de los países presentes en el continente helado un documento con recomendaciones de seguridad que va actualizando periódicamente -la última versión es del 16 de marzo- porque, como destaca este organismo internacional, “la situación cambia constantemente”.

Entre ellas figura que los turistas no puedan visitar los centros de investigación. Ellos son la población más sensible pues además del riesgo de que contagien porque no se someten a las cuarentenas que sí cumple el personal que trabaja en la Antártida, muchos de los que se embarcan en esos caros cruceros polares son personas de avanzada edad.

Por eso, antes de este coronavirus, muchos programas antárticos ya habían suspendido la interacción entre los turistas y la tripulación de los barcos con los miembros de sus campañas.

Aunque la mayoría de las personas que participa en las expediciones es joven y tiene un buen estado de salud, el COMNAP subraya que también ellos pueden sufrir síntomas moderados que pueden tener un gran impacto en la capacidad operativa de las bases.

Suspensión de viajes a la Antártida
El COMNAP también pida que se suspendan todos los viajes que no sean imprescindibles y las visitas a las distintas bases, que debe revisar y mejorar sus condiciones de seguridad e higiene, su capacidad para hacer diagnósticos y para la telemedicina. Además, se dan instrucciones para evitar que, si se da un caso positivo en alguna base, el coronavirus se propague por el continente.

“En nuestro caso, al no tener mas entradas de gente [en la base Juan Carlos I] no hemos tenido que cambiar nada en nuestro día a día pero sí informarnos para la vuelta para poder adaptarnos. La información la hemos “filtrado” mediante la médico que teníamos en ese momento en la base”, cuenta Jordi Felipe, el máximo responsable de la base Juan Carlos I (CSIC).

Tampoco han tomado medidas especiales en la Gabriel de Castilla, salvo las recomendaciones generales que se han hecho en España y, en términos generales, la Organización Mundial de la Salud y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC): “Teniendo en cuenta el aislamiento que existe en nuestra base, no ha hecho falta ningún protocolo especial COVID-19”, dice Villoria.

6 meses de aislamiento
Otras bases, las menos, están abiertas todo el año, y como señala Antonio Quesada, las del interior de la península quedan totalmente aisladas. La Antártida es un continente muy hostil en su conjunto pero hay zonas mucho más inhóspitas que otras, y si evacuar a una persona enferma o herida no es nada fácil en muchas zonas, en otras resulta imposible durante el invierno.

“Hay dos áreas diferenciadas. La Península antártica, donde están las dos bases españolas, tiene un acceso más sencillo a Sudamérica -está a dos o tres de vuelo- y aunque las condiciones son muy duras (en invierno suele haber unos -25ºC con sensación térmica de -40ºC) , hay más posibilidades de evacuación, incluso en invierno. El último avión suele volar en abril o mayo, y el primero entra en octubre o principios de noviembre. Además, Chile suele hacer un vuelo al mes en aviones pequeños con capacidad para 16 o 18 personas”, cuenta este experto antártico.

La dureza de la Antártida
Pero el continente antártico, añade, es muchísimo más duro: las temperaturas típicas del invierno rondan los -50ºC y en lugares como la base rusa Vostok, por ejemplo, se llegan a alcanzar nada menos que -70ºC: “En marzo sale el último vuelo y no suele haber otro hasta octubre. Se pasan seis meses aislados porque las temperaturas son tan bajas que los aviones no pueden aterrizar porque si pararan se congelarían“, dice el científico, que recuerda que la temperatura mínima medida de la Tierra, -92ºC, se registró en la Antártida y que el CO2 que exhalamos se congela a -56ºC.

No obstante, Andrés Villoria no cree que la gravedad de del brote obligue a que tengan que cerrar las bases abiertas durante el invierno austral como medida de precaución. “De hecho, pienso que si alguien está seguro ahora mismo en algún rincón del globo son las bases permanentes de la Antártida; ellos disponen de medios para aguantar allí todo el año totalmente aislados de la pandemia. Seguramente deberían restringir las visitas que no demuestren estar libres de virus. No obstante, no puedo imaginar la angustia de los que allí se quedan por sus familiares”, reconoce.

Efectos en la próxima temporada de investigación
Otro escenario que barajan los epidemiólogos es que el actual brote se controle en unos meses y repunte el próximo otoño, pero Villoria considera que es la actual pandemia la que va a tener efectos en la próxima temporada de investigación: “Una campaña antártica es algo que requiere mucha preparación y programación previa. El coronavirus está teniendo ya consecuencias en la preparación de la siguiente campaña (dificultad para trasladar los componentes, para hacer reuniones, etc). Aunque la resolución que caracteriza a las Fuerzas Armadas hará que, sin duda, si se puede hacer, se haga”, dice Villoria, que actualmente está destinado en la Unidad Médica de Aeroevacuación (UMAER) del Ejército del Aire, en la Base Aérea de Torrejón de Ardoz.

Este responsable médico es de la opinión “de que el coronavirus ha venido para quedarse y, en el siguiente brote la cosa será más tranquila, pues no habrá contagio en oleada y será más como la gripe estacional. Estoy casi seguro de que habrá un segundo brote, y un tercero; veo que es una enfermedad muy difícil de erradicar“.

¿Cómo se prepararán las bases antárticas para hacer frente a los futuros brotes de SARS-CoV-2?
“En mi opinión, no es una cuestión de incorporar equipo técnico ni instalaciones concretas, dado que, si se elige ese camino, el de un “módulo de aislamiento”, el equipo material y personal que precisa es tan técnicamente avanzado y costoso a nivel económico y logístico que no está justificado. La Antártida es un continente que apenas tiene enfermedades por su natural ausencia de vectores contagiosos y lo hostil del entorno”, relata.

Desde su punto de vista, “el peligro más grande que existe de contagio son las visitas humanas que uno recibe cuando está allí y, normalmente estas vienen de muy lejos y han pasado sus cuarentenas a bordo de los barcos. Como medida, se pueden establecer protocolos más estrictos previos a las visitas que contemplen medidas de desinfección, como ya se hace para la preservación del medio ambiente, por ejemplo”, propone.

“Creo que es un virus que se va a incorporar a la batería de enfermedades que tenemos de afrontar anualmente los humanos dada su alta tasa de infectividad y su baja tasa de mortalidad. Y no tardarán en aparecer mutaciones de manera anual y habrá que combatirla como la gripe estacional una vez pasado este brote inicial”, reflexiona Villoria.

“No obstante es una de las fragilidades de nuestro mundo en el siglo XXI, un día por la mañana alguien se infecta de coronavirus en Pekín y por la tarde está tosiendo sobre un empleado de una cafetería de Nueva York”.

Fuente: TERESA GUERRERO / EL MUNDO,

Artículo de referencia: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2020/03/21/5e74c95bfdddff635f8b45b7.html,

Mejor higiene y recuperación de naturaleza, entre lo positivo del coronavirus

Posted By : Javier/ 30 0
Entre mejorar higiene, reducir contaminación y fortalecer lazos sociales, a distancia, algunos rayos de luz rompen la oscuridad del panorama

Un planeta cada vez más confinado, que cuenta a sus muertos y asiste aterrado al hundimiento de la economía. La pandemia de coronavirus ha traído incontables malas noticias, pero fijándose bien también es factible ver puntos positivos.

Porque entre mejorar la higiene, reducir la contaminación y fortalecer los lazos sociales, pero a distancia, algunos rayos de luz rompen la oscuridad del panorama.

 

 

En imágenes: 9 animales que aprovechan la cuarentena para visitar las ciudades

Posted By : Javier/ 31

  • Cerca de 1.000 ciervos aprovecharon el confinamiento para pasearse tranquilamente por las calles y templos de Nara,  antigua capital de Japón. Foto: AP
    Cerca de 1.000 ciervos aprovecharon el confinamiento para pasearse tranquilamente por las calles y templos de Nara, antigua capital de Japón. Foto: AP
  • Un zorro fue grabado en calles de Bogotá mientras deambulaba por un conjunto residencial de la zona de Santa Bárbara, en el norte de la capital. Es una especie que habita en los cerros orientales.
    Un zorro fue grabado en calles de Bogotá mientras deambulaba por un conjunto residencial de la zona de Santa Bárbara, en el norte de la capital. Es una especie que habita en los cerros orientales.
  • En Neiva, capital del departamento del Huila, un ciudadano grabó a una zarigüeya cargando a cuatro crías en su lomo y caminando por un andén. Luego, con su carga a cuestas, se subió a un árbol.
    En Neiva, capital del departamento del Huila, un ciudadano grabó a una zarigüeya cargando a cuatro crías en su lomo y caminando por un andén. Luego, con su carga a cuestas, se subió a un árbol.
  • Inusuales imágenes han podido ver en estos días los habitantes del Rodadero, en Santa Marta, desde sus ventanas y balcones, producto del espectáculo brindado por varios delfines del Acuario que salieron de paseo por la bahía sin turistas ni botes.
    Inusuales imágenes han podido ver en estos días los habitantes del Rodadero, en Santa Marta, desde sus ventanas y balcones, producto del espectáculo brindado por varios delfines del Acuario que salieron de paseo por la bahía sin turistas ni botes.
  • La fauna urbana también ha aprovechado la cuarentena para dejarse ver en el humedal de Córdoba, de Bogotá.
    La fauna urbana también ha aprovechado la cuarentena para dejarse ver en el humedal de Córdoba, de Bogotá.
  • Jabalíes fueron avistados en calles de Roma, en Italia, uno de los países más afectados por el coronavirus.
    Jabalíes fueron avistados en calles de Roma, en Italia, uno de los países más afectados por el coronavirus.
  • En Santiago de Chile, un puma fue grabado mientras transitaba por varias calles de las comunas de Providencia y Ñuñoa en el nororiente de esta capital.
    En Santiago de Chile, un puma fue grabado mientras transitaba por varias calles de las comunas de Providencia y Ñuñoa en el nororiente de esta capital.
  • Este coyte recorre las calles de San Francisco, aprovechando el aislamiento por cuenta de la pandemia que afecta al mundo.
    Este coyte recorre las calles de San Francisco, aprovechando el aislamiento por cuenta de la pandemia que afecta al mundo.
  • En el puerto de Cagliari en Italia, han sido avistados delfines que aprovechan la tranquilidad por la ausencia de lanchas y han vuelto a frecuentar las aguas que antes eran de uso exclusivo de los turistas.
    En el puerto de Cagliari en Italia, han sido avistados delfines que aprovechan la tranquilidad por la ausencia de lanchas y han vuelto a frecuentar las aguas que antes eran de uso exclusivo de los turistas.

Disfruta en directo estos 10 lugares con encanto pese al Covid-19 y el confinamiento

Posted By : Javier/ 21

Te descubrimos una selección de cámaras que emiten automáticamente desde los entornos naturales más bellos del planeta

Disfruta en directo estos 10 lugares con encanto pese al Covid-19 y el confinamiento
Islas Lofoten , en Noruega, uno de los lugares que se pueden visitar virtualmente gracias a webcams, una de ellas se muestra en el interior de esta información (cookelma / Getty Images/iStockphoto)

 

Visitar los glaciares de Islandia, los parques nacionales de Kenia, las islas remotas de Noruega u oír cantar las orcas en Vancouver es posible sin salir de casa. El confinamiento nos ha privado de todo contacto con la naturaleza más allá de las flores de nuestro balcón, terraza o, si tienes suerte, jardín.

Es bien sabido que el contacto habitual con la naturaleza aporta grandes beneficios. Una de las recomendaciones básicas que le hacen los expertos a los pacientes que padecen algún trastorno de ánimo o ansiedad es pasear por la naturaleza o zonas verdes. Incluso, hay pediatras, educadores y psicólogos que ya hablan del síndrome o trastorno por déficit de naturaleza, un mal que afecta a los niños que viven alejados del contacto con entornos naturales y que se manifiesta en forma de obesidad, estrés, trastornos de aprendizaje, hiperactividad, fatiga crónica o depresión, entre otros síntomas.

Ahora que estamos privados de este contacto y encerrados en casa sin poder salir, es la oportunidad perfecta para conocer entornos lejanos desde la mágica ventana de nuestro ordenador.

En internet hay webs especializadas en emitir en directo los entornos urbanos, rurales y también naturales más bellos de todo el planeta. Las dos webs más importantes son Skyline Webcams y Explore.

No hace falta que recordemos que, al tratarse de cámaras que emiten en directo de forma automática, dependiendo de la hora y el lugar desde el que se realiza la consulta, se pueden observar imágenes diferentes a las mostradas en las capturas mostradas en esta información (y, si se nos permite la broma, si se observa la pantalla en negro quizá es porque en el lugar visitado es de noche).

Si además de ver naturaleza está interesado en ver paisajes urbanos lejanos, le recomendamos la webcam panorámica (en movimiento circular constante) de Hong Kong (en este enlace).

Skyline Webcams dispone de cámaras por todo el mundo. Podemos encontrar ciudades, playas, paisajes y demás. A través de sus webcams podemos visitar un pueblo costero de las islas Lofoten (Noruega), donde por la noche se puede admirar la aurora boreal en vivo

Explore es una web especializada en ofrecer la naturaleza en vivo. En ella podemos deleitarnos con los paisajes más bonitos, ver en vivo la fauna salvaje más exótica o adentrarnos en el fondo marino. Con sus webcams podemos viajar hasta Kenya para ver como los animales salvajes se acercan a beber de las aguas de un lago en Laikipia

A continuación os ofrecemos un paseo por 10 paisajes naturales únicos que darán un respiro a vuestro confinamiento y conseguirán que por un rato nos olvidemos del dichoso Coronavirus.

La Antartida supera los 20º

Posted By : Javier/ 96 0

Si enero fue el más cálido de la historia en la zona desde que existen registros, menos de dos semanas después los termómetros alcanzan un nuevo –y peligroso– récord.

Los –por suerte, ya escasos– negacionistas que aún siguen dudando del calentamiento global lo tienen cada vez más difícil. Por primera vez desde que existen registros, la Antártida ha superado la peligrosa barrera de los veinte grados este mes de febrero. Los científicos brasileños lo acreditaron la pasada semana, el 9 de febrero, cuando en la isla argentina de Marambio los mercurios marcaron los 20,75ºC.

La cifra salta a los titulares pocos días después de que otro grupo de investigadores situados en la base argentina Esperanza, en la península antártica, anunciaran que se habían alcanzado los 18,3ºC el pasado 6 de febrero, algo que ya suponía un nuevo máximo histórico de temperaturas. Hoy, los datos recogidos en Marambio vuelven a batir récords, una noticia peligrosa y alarmante para un planeta en emergencia climática.

Aunque estos datos aún tienen que ser confirmados por la Organización Meteorológica Internacional, cuadran con la tendencia vivida en la zona, una de las que ha visto incrementarse más rápido su temperatura en los últimos años. Como recogen tanto las agencias internacionales como medios como The Guardian, los científicos de la zona han calificado estos nuevos máximos como algo «increíble y anormal».

«Vemos que hay una tendencia al calentamiento en la mayoría de los lugares que estamos monitorizando, pero nunca habíamos visto algo así. Es una señal de que algo está sucediendo en la zona», explicaba Carlos Schaefer, investigador que trabaja en la región en un proyecto del Gobierno brasileño sobre el impacto del permafrost antártico. Aunque, en sus declaraciones, se ha mostrado cauto a la hora de hacer valoraciones sobre el impacto del cambio climático en la Antártida ya que, como explicaba al periódico británico, la temperatura de la península, de las islas Sethland del Sur y del archipiélago James Ross –al que pertenece la isla de Marambio– ha sido muy cambiante en los últimos veinte años: mientras que a principios de siglo era más fría, se ha ido calentado rápidamente.

Sea como fuere, en los últimos años, los récords en la temperatura de la Antártida no paran de batirse. Si 2019 se cerró como el segundo año más caluroso desde que existen datos, este año la tendencia ha continuado al alza: el primer mes de este 2020 ha sido el enero más cálido jamás registrado y, con las últimas cifras en la mano, febrero es candidato a tener el mismo título.

Las consecuencias del calentamiento global son especialmente notables en una zona que atesora casi el 70% del agua dulce del planeta. Si la temperatura continúa creciendo a esta velocidad, derritiendo los glaciares antárticos, los científicos de Naciones Unidas calculan que el nivel del mar subiría entre 30 y 110 centímetros a final de siglo, dependiendo de la eficacia de los esfuerzos del ser humano para reducir las emisiones de gases causantes del calentamiento global. Hoy, con las cifras arrojadas por el termómetro durante los últimos meses, esos esfuerzos parecen más que insuficientes.

Así es la primera agencia de turismo operada por indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta

Posted By : Javier/ 68 0

Esta iniciativa nació para ofrecer a los turistas una experiencia diferente de la mano de la comunidad Wiwa.

Ciudad Pérdidas es uno de los destinos más apetecidos por los turistas que buscan conocer la cultura de las poblaciones indígenas que habitan la Sierra Nevada de Santa MartaEl Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Icanh, informó que en 2018, un total de 22 mil turistas visitaron esta zona del país.

Por eso, la comunidad Wiwa vio una oportunidad para ofrecer a los viajeros una experiencia única. El emprendimiento de esta comunidad se llama ‘Wiwa Tours’, una agencia de viajes operada por indígenas nativos de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Así nació la idea de la primera agencia de turismo indígena

Wiwa Tour, tiene su sede en Santa Marta y cuenta con 14 guías y 6 administrativos que ofrecen a los turistas, especialmente extranjeros, las bondades de conocer este paraíso natural de la mano de las comunidades que conocen a profundidad la tradición indígena. Este emprendimiento nació en 2009.

(Majestuoso, así fue el avistamiento de una ballena de aleta en Colombia)

Piedras Vivas de Romania

Posted By : Javier/ 134 0

Respiran, crecen y se reproducen: el extraño fenómeno de las piedras vivas de Rumania

En el pueblo de Costeti, un valle de rocas asombra y desconcierta a los científicos. Denominadas Trovants, sus características extraordinarias, como moverse o aumentar de tamaño, atraen a investigadores y curiosos de todo el planeta. Las teorías con respecto a su origen

En el pueblo de Costeti, Rumania, un extraño fenómeno natural se convirtió en los últimos años en un atractivo tanto para científicos como para turistas: las piedras vivas. Denominadas Trovants por los pobladores («piedras que crecen» en rumano), su aspecto no difiere, en general, de las piedras normales, aunque los minerólogos descubrieron ciertos detalles que las convirtieron en únicas en todo el planeta.

De acuerdo a los especialistas, las rocas tendrían una antigüedad de 6 millones de años y habrían comenzado como pequeños guijarros, pedregullo, hasta alcanzar los 10 metros, como sucede en algunos casos. Sin embargo, este proceso no es rápido, al contrario, especulan que tardan mil años en crecer entre 4 y 5 centímetros.

Las piedras tienen la capacidad de crecer y moverse e incluso “respirar” (Getty)

El aumento de masa de las piedras pasó por el microscopio de los científicos, quienes diseccionaron varias muestras para tratar de llegar al fondo de este enigma. Al abrirlas, encontraron una estructura similar a la de los anillos circulares que va formando el tronco de un árbol, capa sobre capa, lo que sirvió para calcular la edad estimativa de algunas piezas.

Luego de diferentes análisis, la rocas –que fueron declaradas monumento de la humanidad por la Unesco– se desarrollaron diferentes teorías con respecto a su capacidad para crecer.

«Las trovants están formadas por arena sedimentada de una cuenca formada hace seis millones de años. Junto a las arenas se han acumulado carbonatos en exceso, que cuando llueve presionan a las capas inferiores de sedimentos y las hacen aflorar hacia el exterior creando las protuberancias», aseguran desde el Museo Trovant, los encargados de protegerlas.

Algunos investigadores sostienen que las piedras pueden «reproducirse e incluso respirar», aunque aclaran que estos procesos suceden en una escala micro, entre dos días y tres semanas por «respiración». Es más, hasta aseguran que tienen un extraño pulso que puede detectarse utilizando un equipo de alta sensibilidad.

 

Érase una vez Bután

Posted By : Javier/ 97 0

La tranquila vida de Timbu, la capital. Una naturaleza desbordante rumbo al Paso de Dochula. Y la imprescindible, y algo exigente, caminata hasta el Nido del Tigre. Viaje por el pequeño reino del Himalaya que mide su riqueza por la felicidad de sus habitantes

El avión sobrevuela el Himalaya y hace un último requiebro a la cordillera antes de descender sobre un valle para aterrizar en el pequeño aeropuerto de Paro, la única ciudad de Bután que cuenta con conexiones aéreas internacionales. El primer contacto con este pequeño reino cuya riqueza no se mide por los datos macroeconómicos del producto interior bruto, sino por la felicidad de sus algo menos de 800.000 habitantes, no defrauda.

Érase una vez Bután
COVA FERNÁNDEZ

La mayoría de los empleados del aeródromo visten el traje típico (los hombres, el batín hasta las rodillas llamado go, y las mujeres, la kira, con su multicolor falda entallada con chaqueta corta), sobre el que se han puesto el chaleco reflectante reglamentario. La terminal, levantada al estilo tradicio­nal de Bután, es una acogedora construcción a la que se dirigen con paso rápido los viajeros para adentrarse en este país de cuento y con una extensión menor a la de Extremadura. Son prisas lógicas si tenemos en cuenta que llegar hasta aquí no es fácil ni tampoco barato: los vuelos son escasos y las auto­ridades exigen a cada viajero el pago de una cuota diaria de hasta 250 dólares (227 euros) en temporada alta, además de atenerse a un programa cerrado. Bután, elegido por la editorial Lonely Planet como el país que hay que descubrir en 2020, no es lugar para mochileros ni para la improvisación.

Dos policías dirigiendo el tráfico en el centro de Timbu, la capital.
Dos policías dirigiendo el tráfico en el centro de Timbu, la capital. REINHARD SCHMID SIME

Tampoco lo es para las prisas. Las mil y una curvas de la carretera que discurre entre Paro y Timbu, la capital, alargan un trayecto de 30 kilómetros a casi una hora de coche. No importa, porque el paisaje compensa con creces la lentitud del traslado. El estrecho valle se acurruca flanqueado por empinadas montañas que se elevan cubiertas de árboles. Banderas de oración budista lanzan sus multicolores plegarias desde cualquier rincón. Y esporádicas construcciones, siempre erigidas al modo tradicional, exhiben con orgullo en sus fachadas dibujos que representan tigres, dragones y símbolos religiosos. Así hasta llegar a la capital, una coqueta ciudad que se extiende a ambos lados del río Chu en el escaso espacio que le permiten el embravecido caudal y las cumbres que la custodian.

Puesto de frutas y verduras en una calle del centro de Timbu.
Puesto de frutas y verduras en una calle del centro de Timbu. REINHARD SCHMID SIME

Para un europeo, Timbu no pasa de ser una ciudad de provincias pequeña con poco más de 100.000 habitantes. No hay grandes avenidas ni altos edificios. Su calle principal, Norzim Lam, es un buen ejemplo de ello. Los comercios a un lado y otro no deslumbran con luces ni escaparates rebosantes, y el semáforo que regula el tráfico en su principal cruce es un policía que muestra su destreza en dar paso o frenar automóviles con movimientos dignos de Michael Jackson. Tampoco se encuentran locales de cadenas multinacionales de comida rápida. Aquí el plato más típico es el mo mo —empanadillas asiáticas cocidas rellenas de carne o verdura—, y si se echa de menos una hamburguesa, nada como la de carne de yak. Para beber una cerveza vale cualquiera de las marcas locales, muchas de las cuales presumen en sus etiquetas de ser artesanales o estar hechas de arroz rojo.

En un país en el que no hubo tele hasta 1999, el tiro con arco es la gran afición

Timbu es de esos lugares que se pasean sin rumbo. Su gran monumento es el dzong Tashichoe, antiguo monasterio budista fortificado que ahora sirve como centro político de este país asiático que tuvo su primera Constitución en julio de 2008. La mole blanca rematada por tejados de color rojo y dorado destaca sobre una ciudad en la que la sencillez manda, como en el resto del país. En Bután, y sobre todo en la capital, nada es pretencioso. Su mejor ejemplo es la Torre del Reloj, en la plaza más céntrica de la ciudad. Si se hace caso a los mapas, que la marcan como punto de referencia, uno espera encontrar una solemne construcción. Nada más lejos de la realidad. Un esbelto pilar de apenas 15 metros de alto, con dragones labrados en sus cuatro caras, sustenta un reloj que se limita a marcar la hora sin aspavientos innecesarios. Lo mismo ocurre con el Memorial Chorten (una estupa budista) o sus dos grandes museos: el dedicado a los textiles artesanales y el que refleja el modo de vida de los butaneses. Basta menos de una hora en cada uno para visitarlos al detalle. Solo los 100 metros de altura de la estatua del buda Dordenma, levantada a comienzos de este siglo a golpe de los dólares de un magnate de Singapur en una de las montañas que rodean Timbu, parece empeñada en llamar la atención con sus dimensiones y su color dorado. Aunque, más que el tamaño, son los miles de pequeños budas de su interior lo que realmente deslumbra.

Competición de tiro con arco en Timbu, la capital de Bután.
Competición de tiro con arco en Timbu, la capital de Bután. GETTY IMAGES

Como en toda capital de cuento que se precie, aquí manda la tradición. La del sábado es ir al mercado cubierto, en el que se suceden humildes puestos de verduras, arroz, carne, pescado seco y guindillas, muchas guindillas. Eso sí, sin alborotos ni llamadas al consumo. También ir al principal estadio deportivo, que en este caso no es el de fútbol. En Bután el deporte rey es el tiro con arco y sus habitantes convierten las competiciones oficiales o de amiguetes en todo un espectáculo. Los arcos de madera han dejado paso en la mayoría de los casos a modernos modelos hechos de fibra, que permiten lanzar las flechas más lejos y con más precisión, pero la vestimenta sigue siendo el tradicional go, y las normas, las de siempre: se puede intentar distraer al rival cuando se dispone a disparar y cada acierto en la pequeña diana se festeja con grandes alharacas. En un país en el que la televisión estuvo prohibida hasta 1999 y aún hoy tiene una oferta muy limitada, esta sencilla y medieval actividad sigue siendo la principal distracción.

Casas de arquitectura tradicional y campos de arroz en el valle de Punakha.
Casas de arquitectura tradicional y campos de arroz en el valle de Punakha. PETE RYAN GETTY

Salir de Timbu es volver a enfrentarse a carreteras sinuosas que ascienden por empinadas laderas cubiertas de árboles. Hacia el este, rumbo a Punakha, la que fuera capital hasta la mitad del siglo pasado, el camino se eleva a 3.100 metros de altitud. El Paso de Dochula, en el punto más alto del trayecto, es a la vez lugar de peregrinación y mirador hacia las cumbres del Himalaya… siempre y cuando las nubes no se empeñen en cubrir todo el lugar hasta darle un aspecto fantasmagórico. Allí se levantan 108 estupas en recuerdo de las víctimas de una de las pocas guerras modernas en las que se vio involucrado el país. Fue en 2003, y el Ejército butanés, comandado por su rey según recalcan los lugareños, rechazó el intento de rebelión de las regiones del sur. Cada uno de esos pequeños monumentos religiosos se erigió en recuerdo de una de las víctimas mortales del conflicto, fuera de un bando o de otro, con la sencillez que exige el budismo, cuyo mantra Om mani padme hum repiten los peregrinos mientras los rodean siempre en el sentido de las agujas del reloj. A pocos metros, en lo alto de una loma, se levanta el Druk Wangyal Lhakhang, un templo construido en recuerdo de aquella guerra. En su interior, junto a la omnipresente y colorista escenografía budista, existe una capilla a la que solo pueden acceder los hombres y en la que se veneran como objeto de paz parte de los útiles de guerra utilizados en aquel conflicto. Una excepción en un país que parece huir, precisamente, de los alardes.

Paso de Dochula, el punto más alto del trayecto que une las ciudades de Punakha y Timbu.
Paso de Dochula, el punto más alto del trayecto que une las ciudades de Punakha y Timbu. NITISH WAILA ISTOCK

Superado el Paso de Dochula, la carretera desciende rodeada de un paisaje en el que la naturaleza se muestra intacta. Solo las banderas de oración que cuelgan los devotos budistas en los sitios más insospechados rompen, con sus cinco colores, el omnipresente verde de los árboles. A veces, unas sencillas construcciones techadas de madera cobijan a mujeres que venden a los pocos que pasan por allí los pro­ductos del campo: pequeñas manzanas, verduras, cereales… Unos 70 kilómetros después de salir de Timbu, al dar la vuelta a la enésima curva del camino, y sobre un valle repleto de campos de arroz, se divisa lo que parece una pequeña población.

Detalle de la 'Kira', el traje tradicional de la mujer butanesa.
Detalle de la ‘Kira’, el traje tradicional de la mujer butanesa. JORDAN BANKS SIME

En realidad, es un grupo de casas levantado alrededor del Chimi Lhakhang, un monasterio construido en 1499 por el que pasó el lama Drukpa Kunley, un monje budista conocido como El Loco Divino por su afición al vino, a satisfacer sexualmente a las mujeres y a lucir en público su miembro viril. Pese a estos alardes tan poco espirituales, los butaneses le profesan una gran devoción. El templo, por el que corretean niños-monjes vestidos con las túnicas color azafrán, es pequeño y humilde. En una esquina, a un lado de las multicolores estatuas de Buda, hay un sencillo álbum que contiene decenas de fotos de devotos del país y del extranjero que sonríen con bebés en sus brazos. Son la fotogénica demostración de que el templo es destino obligado para aquellos a los que la fertilidad les es esquiva y ponen todas sus esperanzas en la singular intercesión del Loco Divino. Para recalcar esa fama, la población ha convertido los falos hechos de madera en su principal souvenir. Los hay de todos los tamaños y colores. Incluso con alas o con un balón sobre el glande. Además, buena parte de las puertas de las viviendas —no solo aquí, sino también en muchos otros lugares del país— están decoradas con penes virtuosamente dibujados en plena eyaculación. “Espantan a los malos espíritus y atraen la fertilidad”, asegura Dorji, un joven butanés que combina el traje tradicional con unas gafas de espejo a la última moda occidental.

Un monje en Kyichu Lhakhang, uno de los monasterios más antiguos de Bután, en el valle de Paro.
Un monje en Kyichu Lhakhang, uno de los monasterios más antiguos de Bután, en el valle de Paro. RUNE JOHANSEN GETTY

Punakha no está lejos. Sus casas se esparcen por el valle empeñándose en ocultar que integran la segunda ciudad más importante de Bután. Sin embargo, su rotundo dzong recuerda que allí estuvo una vez el poder religioso y político. Enclavado en la intersección de los ríos Pho Chu y Mo Chu, los altos y gruesos muros blancos del monasterio fortaleza intimidan. Para llegar a él hay que cruzar un puente techado y, más ade­lante, ascender una empinada escalera que da paso a un sinfín de pinturas murales de mil y un colores que representan escenas budistas con sus cielos e infiernos. Los patios están flanqueados por corredores sustentados por labrados pilares. Y los inmaculados y altos muros solo son rotos por elevadas ventanas y puertas majestuosas con marcos profusamente decorados. Al fondo se abre el templo, con sus esculturas doradas y las pinturas que, como en un cómic, recrean la vida de Buda. Dentro, el silencio lo ocupa todo y solo el crujir de la madera por los pasos rompe mínimamente la sensación de recogimiento.

Solo las banderas de oración que cuelgan los devotos budistas en los sitios más insospechados rompen, con sus cinco colores, el omnipresente verde de los árboles

Hay que seguir el viaje, y para ello hay que volver hacia el oeste, superar de nuevo el Paso de Dochula y atravesar la tranquila Timbu sin semáforos ni prisas. El destino final es Paro, la ciudad que sirve de entrada al país. Su dzong, a diferencia de los de Punakha y Timbu, no está enclavado en la orilla del río, sino en la ladera de la montaña. Además, por encima de él conserva la robusta torre de vigilancia que antes permitía avisar a los monjes de los peligros que se acercaban y que hoy ofrece espectaculares vistas del valle, de mismo nombre, donde se asienta esta modosa ciudad. A las afueras de Paro está el Kyichu Lhakhang, tal vez el templo más antiguo, humilde y bello de Bután. Rodeado de campos de arroz, este paraje religioso del siglo VII es visitado por cientos de devotos budistas que hacen girar sus molinillos una y otra vez mientras circundan el templo. Un poco más arriba está el Satsam Chorten, repleto de pequeñas figuras de barro con forma de pastelillo que son ofrendas por los fallecidos. Las inhiestas banderas de oración se encargan de llevar las plegarias de los fieles más allá del horizonte.

Monasterio de Taktshang Goemba, el famoso Nido del Tigre, enclavado a 3.200 metros de altitud.
Monasterio de Taktshang Goemba, el famoso Nido del Tigre, enclavado a 3.200 metros de altitud. NARVIKK GETTY IMAGES

Sin embargo, el gran atractivo de Paro no es ni su majestuoso dzong ni el vetusto templo, sino el Taktshang Goemba, el famoso Nido del Tigre, un monasterio que desafía al vértigo enclavado a 3.200 metros de altitud en la vertical pared de la montaña. Se cuenta que hasta allí llegó volando en un tigre Guru Rinpoche o Maestro Precioso, el monje que en el siglo VIII introdujo el budismo Nyingma que aún profesan los habi­tantes de Bután y que por ello han convertido este remoto lugar en sagrado. Llegar a este templo de finales del siglo XVII no es ahora tan fácil como, según la tradición budista, le resultó a Guru Rinpoche. Requiere emprender una caminata para salvar un desnivel de 700 metros desde el último lugar al que se puede llegar en vehículo. Son al menos dos horas y media cuesta arriba por un camino de tierra en el que la altitud (se superan los 3.000 metros en muchos tramos) obliga a los pulmones no acostumbrados a realizar un esfuerzo mayor. Pero no importa, porque ya durante el ascenso el espectáculo lo merece. Y no solo por las diferentes vistas del Nido del Tigre —muy recomendable la que se contempla desde el pequeño restaurante que hay a mitad del ascenso—, sino por la naturaleza que emerge sin mácula allá donde se mira. Además, las banderas de oración se multiplican a cada paso, no faltan los pequeños chorten (estupas budistas) aquí y allá, y una cascada que se descuelga desde el último risco da la bienvenida justo antes de entrar en el ansiado templo.

El interior del monasterio es una sucesión de capillas multicolores donde enormes figuras de Buda y el Guru Rinpoche con su tigre miran desde arriba a los fieles que se arrodillan ante ellos para pedir su intervención en los asuntos mundanos. El olor de las lámparas de mantequilla de yak, el animal que resume la dureza de vivir en el Himalaya, lo inunda todo mientras los monjes continúan en sus quehaceres diarios ajenos al trasiego de viajeros sudorosos que han logrado llegar. Asomado a una de las terrazas que aboca la mirada sin remedio al precipicio donde se levanta este templo, es difícil no convencerse de que Taktshang Goemba merece por sí solo el viaje a Bután. Quizá el atractivo de este reino de cuento se encuentre, precisamente, en pequeños detalles como este.

CUATRO PISTAS MÁS

Una excursión

Bumthang Owl Trek

Esta ruta senderista de tres días y dificultad baja al norte de Bután, entre bosques de abedules y pinos del Himalaya, permite avistar el bello plumaje del tragopán y se asoma al sagrado y aún virgen monte Gangkhar Puensum (7.570 metros).

Un festival

Paro Tshechu

Entre danzas de máscaras y música tradicional, el tshechu (festival) budista de Paro, celebrado desde 1644, es el más importante del país e invita a sumergirse durante cinco días (en 2020, del 4 al 8 de abril) en la rica cultura de Bután.

Un animal

Motithang Takin Preserve

El takin es el animal nacional de Bután, un extraño mamífero oriundo de Asia Central cuya creación atribuye una leyenda al lama Chimi Lhakhang, El Loco Divino. Se pueden avistar en libertad en la reserva de Motithang, cerca de Timbu.

Un parque nacional

Royal Manas

Creada en 1966, pero abierta al público recientemente, esta reserva de ecosistema tropical acoge 900 tipos de plantas y especies en peligro de extinción como el tigre de Bengala o el langur dorado, uno de los primates más raros de Asia.

REQUISITOS PARA EL VIAJERO

El Gobierno intenta que el turismo tenga el menor impacto posible en el patrimonio cultural y natural de Bután (tourism.gov.bt). Para ello, exige que cada viajero contrate a través de una agencia local un recorrido que, si bien se puede diseñar a medida, debe ser cerrado. Además, deben abonar una tasa por noche: desde los 179 euros al día en temporada baja (los meses más fríos —diciembre, enero y febrero— y la época del monzón —junio, julio y agosto—) hasta los 227 euros para el resto del año. Hay descuentos para grupos, estudiantes, niños y viajes de larga duración. Esta tasa diaria incluye el alojamiento en hoteles de tres estrellas, tres comidas al día (sin bebidas), un guía de habla inglesa y el transporte en vehículo con conductor. En caso de realizar un trekking, engloba el material de acampada. También incluye las entradas a los lugares turísticos y el visado. No lo están ni los vuelos internacionales (entre 350 y 450 euros desde Katmandú, la ciudad más cercana con conexión aérea) ni los interiores, solo necesarios si se decide recorrer la zona más oriental del país.

Fuente: https://elviajero.elpais.com/elviajero/2019/12/26/actualidad/1577364992_888055.html